Triunfal "Luisa Fernanda" agota localidades. Teatro de las Artes. México.
Triunfal ”LUISA FERNANDA” agotó localidades.
Por Manuel Yrízar.
Sonoros bravos y emocionadas ovaciones de un público generoso y entusiasta cerraron la función de la zarzuela
Éxito innegable artístico y de público esta historia que destila miel y grata cursilería deleita a aquellos que prefieren pasar una velada de placer audiovisual hartos de noticias mortales. Muchos que querían entrar no lo lograron pues ya no encontraron boletos como le sucedió a la querida Ingrid Haas que iba con sus papás. Y así muchos desprevenidos que no tuvieron el tino de comprar sus entradas con la debida anticipación. Pero quedan todavía cuatro funciones más.
Con una producción que mucho recuerda al ídolo de nuestra infancia Enrique Alonso “Cachirulo” que hizo escuela en este género como en el infantil “Teatro Fantástico” de escenografía funcional de anticuado encanto pobre pero bonita. Esos trastos deliciosos que nos llevaban a “ese apacible rincón de Madrid” o a “las dehesas o los encinares”.
Preferibles esas reminiscencias encantadoras a las aparatosas de quienes pretendieron darnos gato por liebre como en el espantoso “Eugene Onegin” de Tchaikovsky.
Aquí nadie pretende engañarnos sino todo lo contrario. Hay frescura y espontaneidad, cariño verdad, para seguir a tono.
Y a esa verdad sin tapujos ni falsas intenciones acude un público que no olvida y otro que quiere conocer sobre ese genero español entrañable con el que el genio de esa tierra contribuyó a enriquecer el teatro musical todo él hijo de la ópera. No por “chico” menor. Los elementos de una historia sencilla en apariencia de amores almibarados y revueltas antimonárquicas, de ambiciones arribistas y nostálgicas pasiones, dotan de un aura sutil por el encanto de la música ligera y hermosa, personajes verosímiles y entrañables, un tanto caricaturescos quizás pero queribles por esas mismas razones. La belleza de la partitura, obra maestra de aparente simplicidad, requiere de un elenco que nos haga no solo creer sino vivir el romance del Luisa Fernanda y sus dos contrarios y en el fondo igualmente románticos personajes: Javier y Vidal. Triángulo apasionado y pasional como tantos hemos sabido. Luisa Fernanda tiene que preguntar a su corazón.
Los cantantes elegidos para estas funciones son los mejores.
Jóvenes veteranos de esa generación que hemos llamado de los 80s pues en esos años iniciaron sus carreras la mayoría de los artistas que aquí participan y que contribuyen al éxito logrado. Amorosos y entregados el aplauso es gratitud merecida. La dirección musical y artística así como la puesta en escena destila y destella entusiasmo y amor apasionado.
Encarnación Vázquez lleva el rol protagónico con gallardía ejemplar. Su Luisa Fernanda es una mujer enamorada de enorme fortaleza que se debate entre esos sentimientos contrarios de amores tormentosos. Vocalmente dota a Luisa de una cálida tesitura de mezzo sobrada y rica, matizada y adornada, cuidando los matices y las inflexiones, destacando en los duetos con sus pretensos. Enamorarse de una mujer así, seria, guapa y salerosa, conservadora y ejemplar, se entiende. Su romanza final “Cállate corazón...” queda allí.
Javier Moreno es interpretado por el tenor José Luis Ordóñez poseedor de una voz bella y poderosa, que ira matizando y enriqueciendo con esas sutilezas que se aprenden con las tablas zarzueleras difíciles precisamente por ellas. El soldado ambicioso y pendenciero, macho y mujeriego, lograra, a pesar de todas esas virtudes o quizás por ellas, llevarse a la pretendida. Un poco tiesón como coronelazo al principio se va aligerando y ganando su personaje en el transcurso de la obra. La Duquesa de Lourdes Ambríz es la de una aristócrata del canto y la actuación. Belleza y prestancia, donaire y gallardía, agilidad mental y riqueza de recursos histriónicos. Y por si fuera poco se pone a bailar “a la usanza granadina” que es un primor. “Yo señora, doy cincuenta”. Yo daría cien. Este papel lo alterna con otra mujer prodigiosa: Conchita Julián.
Aparte hemos dejado un lugar privilegiado para quien recibe la ovación más estruendosa de la función: Jorge Lagunes quien da vida, piel, entrañas, pasión y fuerza, a un Vidal Hernando que si no conquista a su “morena clara” sí lo hace con el público que sale conmovido con su personaje. Lagunes nació en esa cepa zarzuelera y es el segundo con ese nombre que lleva en alto toda una tradición de tercera generación. Su Vidal conmueve a una jovencita en edad de merecer como mi sobrina Jana lo mismo que a mi mamá que vio cantar el extremeño a Placido Domingo, padre del segundo del mismo nombre. Una creación hace este barítono a quien no nos cansamos de elogiar la belleza tímbrica de su instrumento, oscuro y varonil, en gola al estilo clásico antiguo.
Todos los comprimarios, partiquinos, comparsas, el coro juvenil y bisoño, primerizo pero entregado y entusiasta, la orquesta tambien joven, como los “Juniors” debutantes en papelitos Jorge Lagunes III, León Felipe Tapia Vázquez y Leopoldo Falcón Castrejón, todos hijos pintos de tigres reales, contribuyen a enriquecer la cálida función. ¡Bravos¡
Un párrafo final elogioso en extremo a quienes llevaron a buen puerto esta temporada. Sobre sus hombros cayó la responsabilidad y cumplieron con excelencia su papel.
Leopoldo Falcón, zarzuelero primero de México, cuyo amor es tan grande como su trabajo y su entusiasmo desbordado. La producción y la dirección, además de cantar y dar vida al muy locuaz y tremendo Anibal, no hubiera sido posible sín este maravilloso resucitador de lázaros que como aquellos personajes de Zorrila “los muertos que vos matáis gozan de cabal salud.” Y en la orquesta y concertación del espectáculo
Dignos de aplauso estos esfuerzos de un equipo de trabajo dotado de virtudes que quisiéramos otros aprendieran y pusieran en práctica. Pero sería casi tanto como pedirles